A diario, en nuestra vida laboral y en la relación con nuestros compañeros, vecinos, amigos y familia, nos preocupamos por mantener una buena reputación, pues somos conocidos por cómo nos comportamos y por la fama que hacemos de nosotros mismos. De nuestro comportamiento depende si conservamos nuestra buena reputación frente a los demás.

Existen aspectos de nuestra vida en los que sí importa cómo somos vistos, debido a las consecuencias que nos trae.

En ese sentido, nosotros mismos somos nuestra carta de presentación y del récord o historial que hayamos construido en todas las áreas de nuestra vida: familiar, con nuestros amigos, en nuestro trabajo, como estudiantes, y por qué no mencionarlo, también en nuestras finanzas.

En cuanto al aspecto financiero, también es importante ponernos a pensar sobre ¿qué tipo de fama tengo?, ¿qué percepción tienen de mí como deudor?, ¿tengo una buena o mala reputación?

En nuestras finanzas es posible conocer la reputación que tenemos, a partir del comportamiento de pago en cada una de nuestras obligaciones, como por ejemplo: el pago de préstamos, recibos de servicios básicos y otros.


Es importante que contemos con una buena reputación crediticia, porque de ésta dependerá si se nos abren o cierran las puertas del crédito. En nuestras manos está ser buena o mala paga.


Así también, por la responsabilidad con la que nos hemos hecho cargo de estos aspectos antes mencionados. De esta manera se registra nuestro historial crediticio, el cual es el reflejo de cómo nos hemos comportado en nuestros compromisos crediticios, pues recopila la información relativa al manejo de los créditos que hemos adquirido, mostrando si hemos pagado o no todos estos préstamos, con qué entidades los hemos adquirido, la frecuencia y los montos que hemos solicitado y la puntualidad con la que los hemos cancelado.

Podemos pensar que no es importante como nos evalúen, sin embargo, de nosotros depende que se vuelva más fácil o difícil cuando afrontamos las consecuencias de esta imagen o fama que nos hemos encargado de construir.

Nuestro historial crediticio no es un simple conjunto de datos, sino que estos datos les permiten a las entidades tomar decisiones para otorgarnos o no, un crédito.

Las entidades que otorgan créditos, se basan en nuestro historial crediticio para conocernos y valorar si confían en nosotros como clientes o usuarios de crédito, pero este resultado dependerá de nuestro comportamiento como deudores en el pasado; es decir, si nos comportamos de manera positiva o negativa, resultando lógico que buscarán relacionarse con potenciales clientes con un historial que destaque una reputación de “responsable y puntual”.

Los beneficios de tener un historial “limpio” son muchos, comenzando porque las entidades financieras nos recibirán con puertas abiertas en cada ocasión en la que solicitemos un crédito, apoyándose en las referencias que el historial crediticio diga sobre nosotros. Asimismo, también incrementará las posibilidades de que nos aumenten el monto de crédito, así como también que puedas optar por tasas de interés preferenciales y otras ventajas de productos y servicios financieros.